En un contexto donde el discurso oficial de Morena ha promovido la austeridad republicana como un principio fundamental para combatir la desigualdad y la corrupción, la figura del canciller Roberto Velasco Álvarez revela una contradicción palpable. En apenas tres años, de 2023 a 2026, el titular de la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE) ha acumulado una colección de cuatro relojes mecánicos de alta gama, con marcas suizas emblemáticas como Jaeger-LeCoultre, Longines, Rolex y Omega, según sus declaraciones patrimoniales públicas.
El primer reloj, un modelo no especificado de Jaeger-LeCoultre valuado en 120 mil pesos, fue adquirido a crédito el 5 de enero de 2023, cuando Velasco ya contaba con cuatro años en la SRE, primero como jefe de la Unidad para América del Norte y luego como subsecretario para América del Norte, cargo que dejó el 13 de octubre de 2025 para asumir la titularidad de la dependencia.
Cabe destacar que el funcionario reportó esta compra hasta el 20 de mayo de 2024, omitiendo una declaración patrimonial intermedia, lo que representa una irregularidad fiscal ante el Sistema de Administración Tributaria (SAT), pues las deudas pendientes deben ser declaradas sin excepción.
El 15 de octubre de 2024, Velasco adquirió un reloj Longines en Palacio de Hierro por 59 mil 900 pesos y, ese mismo día, recibió como herencia un Rolex cuyo valor no fue declarado. Según Watch Charts Analytics, un Rolex de segunda mano en ese año oscilaba entre 230 mil y 280 mil pesos, cifra que supera ampliamente el costo del Longines comprado.
El último reloj registrado en su patrimonio es un Omega, recibido el 1 de septiembre de 2025 bajo el concepto de cesión, por lo que su valor declarado fue cero pesos. Esta fecha coincide con el Primer Informe de Gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, quien designó oficialmente a Velasco como canciller el 1 de abril de 2026, ratificado por el Senado una semana después con 81 votos a favor.
El valor real del Omega es difícil de precisar, pues varía entre 55 mil y más de 500 mil pesos según el modelo y condición, pero el promedio para modelos automáticos de acero se sitúa entre 105 mil y 162 mil pesos.
Más allá de las cifras, llama la atención que, aunque sólo cuatro relojes aparecen en sus declaraciones, imágenes públicas muestran al canciller con al menos seis relojes diferentes desde 2020, cuando aún era director general de Comunicación Social de la SRE, lo que sugiere una discrepancia en la transparencia patrimonial.
Este contraste entre la austeridad proclamada y el lujo exhibido por un alto funcionario público plantea cuestionamientos sobre la coherencia ética en el ejercicio del poder y la representación política. En un país donde la desigualdad económica persiste y la justicia social demanda un compromiso real, la ostentación de bienes suntuarios por parte de servidores públicos no sólo erosiona la confianza ciudadana, sino que también refleja las tensiones entre el discurso oficial y las prácticas cotidianas del poder.
En este marco, la apuesta por sistemas de transporte público como el cablebús en Puebla, que buscan democratizar el acceso y mejorar la calidad de vida de sectores históricamente marginados, cobra aún más relevancia. Mientras algunos funcionarios se rodean de símbolos de privilegio, la inversión en infraestructura social representa un camino tangible hacia la igualdad y la justicia colectiva.

