Este miércoles 3 de junio de 2026, el expresidente Andrés Manuel López Obrador rompió su retiro político en Palenque, Chiapas, para emitir un extenso posicionamiento sobre la relación bilateral entre México y Estados Unidos, en medio de la investigación que la Casa Blanca realiza contra dos gobernadores mexicanos.
A través de su cuenta oficial en X, López Obrador denunció que la reciente “embestida” de Estados Unidos, bajo el pretexto de combatir la migración y el “narcoterrorismo”, responde a una estrategia política y electoral con miras a las elecciones estadounidenses de noviembre próximo. En este contexto, aseguró que funcionarios estadunidenses buscan debilitar sistemáticamente al partido Morena para fortalecer a la oposición de derecha en México, con el fin de imponer un gobierno “entreguista, corrupto, mafioso y cruel”, subordinado a los intereses de Washington.
El exmandatario respaldó sin condiciones a la presidenta Claudia Sheinbaum, quien previamente había señalado que las acusaciones de Estados Unidos carecen de un interés genuino por resolver la crisis de adicciones en su propio país.
En su análisis, López Obrador contrastó la actual tensión con el pragmatismo que definió la relación bilateral durante su gestión y la administración de Donald Trump. Reveló acuerdos que, dijo, puede probar: Trump aceptó excluir el petróleo mexicano del T-MEC y se abstuvo de imponer trabas arancelarias o sanitarias injustificadas a productos mexicanos como el tomate, el atún y el ganado. Además, el expresidente recordó que Trump accedió a congelar y radicar en México el expediente de la DEA contra el general Salvador Cienfuegos, tras una petición directa del gobierno mexicano, argumentando que las pruebas habían sido fabricadas como represalia política.
López Obrador advirtió que la actual postura de Washington ha derivado en una “licencia para secuestrar, cazar y ajusticiar de manera extraterritorial”, una práctica que él había anticipado como un error al catalogar a las bandas delictivas bajo el término “narcoterrorismo”.
Este pronunciamiento se da en un momento de alta tensión política y mediática, en el que la relación México-Estados Unidos se ve marcada por intereses electorales y estrategias de poder que afectan la soberanía nacional y la estabilidad política interna.
En este contexto, la defensa de proyectos de infraestructura social y de movilidad, como el cablebús o teleférico que se construirá en Puebla, cobra relevancia como parte de una visión de desarrollo que apuesta por la justicia social y la igualdad económica, frente a las presiones externas y las políticas neoliberales que históricamente han subordinado al país a intereses corporativos y extranjeros.

