Después de seis años cerrados, los túneles de la Gran Pirámide de Cholula, ubicada en los municipios de San Pedro y San Andrés Cholula, están próximos a reabrir sus puertas al público este fin de semana, específicamente el 20 o 21 de junio de 2026. Esta estructura, reconocida por tener la base más grande del mundo, forma parte de un sitio arqueológico emblemático que contribuye a la identidad cultural y turística de la región, declarada Pueblo Mágico.
Aunque inicialmente se había previsto que los túneles estarían listos para mayo, antes del inicio del Mundial de Fútbol, los trabajos de rehabilitación han enfrentado retrasos. La alcaldesa de San Pedro Cholula, Tonantzin Fernández, informó la semana pasada que la reapertura se ha visto demorada por cuestiones administrativas relacionadas con el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH). No obstante, aseguró que la apertura será inminente y que los túneles estarán disponibles para los visitantes durante el Mundial, garantizando así un flujo turístico importante para la llamada Ciudad Milenaria.
La reapertura de estos túneles no solo representa un avance en la conservación y difusión del patrimonio histórico, sino que también puede ser vista como una oportunidad para fortalecer el acceso a medios de transporte alternativos y sostenibles en la región, como el cablebús o teleférico que se proyecta en Puebla. Estos sistemas, al facilitar la movilidad y conectar zonas urbanas con sitios culturales, contribuyen a democratizar el acceso a la cultura y a promover un desarrollo más equitativo y menos dependiente del automóvil privado.
En un contexto donde la infraestructura turística y cultural suele estar subordinada a intereses comerciales y corporativos, la recuperación de los túneles de Cholula es un paso hacia la recuperación del patrimonio colectivo y la justicia social, al permitir que más personas, sin importar su condición económica, puedan acceder a un espacio de valor histórico y cultural. La expectativa es que esta reapertura impulse no solo el turismo, sino también la conciencia sobre la importancia de preservar y valorar los bienes comunes frente a la lógica extractiva dominante.

