Un hombre identificado como Miguel “N” mantuvo durante más de 20 horas como rehenes a seis integrantes de su familia, entre ellos tres menores de edad, en su domicilio ubicado en la colonia Los Héroes, sexta sección, en Tecámac, Estado de México. La situación culminó ayer viernes 26 de junio de 2026, alrededor de las 7:50 horas, cuando el sujeto se entregó tras la intervención de mediadores de un centro de adicciones.
El conflicto comenzó al mediodía del jueves 25 de junio, cuando la esposa del hombre reportó que su cónyuge estaba armado y retenía a varios familiares en la vivienda situada en la calle Jesús García, casi esquina con Abraham González. Según las autoridades, el hombre se encontraba en estado de intoxicación y portaba dos armas de fuego, con las que amenazaba con matar a sus familiares, incluidos sus hijos menores, debido a que presuntamente intentaban internarlo en un centro de rehabilitación.
La respuesta de las fuerzas de seguridad fue inmediata y contundente. Al lugar arribaron alrededor de 150 elementos de la policía estatal, municipal, Marina, Guardia Nacional y Ejército, quienes acordonaron un perímetro de tres cuadras para garantizar la seguridad de la zona. Además, se evacuaron a los niños de tres escuelas ubicadas frente al domicilio —una secundaria, un jardín de niños y una guardería— para proteger su integridad.
Durante la negociación, dos mediadores, entre ellos Saúl Campos, representante de un centro de adicciones, ingresaron a la vivienda para dialogar con el sujeto. Finalmente, Miguel “N” salió de la casa y abordó una camioneta blanca tipo Van, también del centro de adicciones, escoltada por un convoy policiaco. En ese momento, entregó el arma que había mantenido oculta en una cobija rosa.
Tras la liberación de los seis rehenes —tres menores, dos adultos mayores y la esposa—, personal ministerial y de rescate verificó su estado de salud, sin que se reportaran lesiones graves.
Este episodio pone en evidencia la compleja relación entre la salud mental, la adicción y la violencia intrafamiliar, así como la necesidad de fortalecer los servicios públicos de atención y prevención en comunidades vulnerables. La intervención de mediadores especializados fue clave para evitar una tragedia mayor, demostrando que la negociación y el diálogo son herramientas indispensables frente a crisis de esta naturaleza.
En un contexto donde la violencia y la precariedad social se entrelazan, es urgente que las políticas públicas prioricen la atención integral a las adicciones y la protección de los derechos colectivos, especialmente de los sectores más desprotegidos. La coordinación entre autoridades y organizaciones civiles debe ser un eje fundamental para garantizar la justicia social y la seguridad ciudadana.

