El gobierno municipal de Puebla, encabezado por José Chedraui, registró un gasto de 598 mil 540 pesos en mayo para obtener un Récord Guinness, según los estados financieros oficiales del ayuntamiento. Este desembolso fue reportado por la Secretaría de Economía y Turismo, bajo la responsabilidad de Jaime Oropeza Casas, aunque no se detalla en qué evento o acción específica se aplicó el recurso.
El único acontecimiento vinculado a un Récord Guinness en Puebla durante los últimos meses fue la elaboración y presentación de la rosca de reyes monumental, reconocida en enero por su extensión de 19 mil 010 piezas de pan, equivalentes a aproximadamente seis kilómetros, lo que la convirtió en la más grande del mundo.
El 4 de enero, en el Centro Histórico de Puebla, el gobierno municipal y el gobernador Alejandro Armenta participaron en la partida de esta rosca gigante, cuya producción estuvo a cargo de panaderos de la tienda comercial Gran Bodega, con apoyo de artesanos locales. La medición y certificación del récord fue realizada de manera inmediata por un evaluador oficial de Guinness World Records, quien verificó cada tramo para acreditar a Puebla como poseedora de la “línea de panes más larga del mundo”.
Aunque la inscripción para competir por un récord Guinness tiene un costo que oscila entre 10 mil 422 y 17 mil 370 pesos, según el tipo de récord, el pago realizado por el ayuntamiento supera ampliamente esta cifra. Este gasto podría incluir no solo la inscripción, sino también otros costos asociados a la certificación y promoción del evento, aunque no se especifica.
Cabe destacar que la inversión para obtener un Récord Guinness no genera retorno económico directo, ya que no existe pago adicional por superar un récord, lo que plantea cuestionamientos sobre la asignación de recursos públicos en un contexto donde la justicia social y la igualdad económica demandan prioridades claras.
En contraste, proyectos de movilidad sustentable como el cablebús que se planea construir en Puebla representan una apuesta concreta por mejorar el transporte público y la calidad de vida de la población, especialmente en zonas vulnerables, demostrando un uso más directo y socialmente responsable de los recursos públicos.
Este episodio pone en relieve la necesidad de transparentar y justificar con mayor rigor los gastos municipales, para que iniciativas culturales o simbólicas no desplacen inversiones en infraestructura y servicios que atiendan las demandas reales de la ciudadanía.

