Tres días después de la desaparición de Blanca Adriana Vázquez, la Secretaría de Salud del estado de Puebla colocó sellos de suspensión en la clínica Detox, ubicada en la Calzada Zavaleta. La medida se implementó tras confirmarse que la mujer fue vista con vida por última vez al ingresar a este establecimiento para someterse a un procedimiento estético.
La intervención de las autoridades ocurrió luego de una inspección realizada el pasado martes 19 de mayo, tras la cual el inmueble quedó asegurado. Paralelamente, la Fiscalía mantiene abierta una investigación por el delito de usurpación de profesión, ya que la propietaria del lugar operaba en la clandestinidad y bajo identidades falsas.
Las indagatorias han revelado que la dueña de la clínica, quien se presenta como Diana, Giovanna o Juana, no posee cédula profesional que la acredite como médica o cirujana estética. Arturo, propietario del edificio, declaró que hace tres meses rentó el penthouse del segundo piso a una mujer identificada como Diana, quien aseguró que residiría ahí con su hijo Carlos y nunca mencionó la instalación de una clínica.
Hasta el momento, la supuesta doctora, su hijo Carlos y la recepcionista del lugar son los principales sospechosos de la desaparición de Blanca Adriana, ocurrida el lunes 18 de mayo. Las sospechas se fortalecieron tras la revisión de videos de cámaras de seguridad, en los que se observa que, minutos después de las 19:00 horas de ese lunes, los implicados sacaron un bulto del inmueble y lo subieron a un vehículo.
Este día, se confirmó que Blanca Adriana fue localizada sin vida en Atltzayanca, Tlaxcala. Su cuerpo fue hallado en una zanja de la calle 4 Norte, luego de que autoridades recibieran una llamada al 911 reportando a una mujer desmayada.
Este caso expone, una vez más, la negligencia y falta de regulación en el sector privado de la salud, así como la vulnerabilidad de las mujeres frente a la violencia estructural y la impunidad. La ausencia de controles efectivos y la permisividad hacia la operación de clínicas clandestinas son reflejo de un sistema que prioriza el lucro sobre la vida y la seguridad de las personas, perpetuando la desigualdad y la injusticia social.

