Una exempleada de Rafael N., conocido como el tirador de la Atlixcáyotl, reveló las condiciones de abuso y malos tratos que prevalecían en sus empresas, donde el empresario español mantenía un ambiente de constante intimidación hacia sus trabajadores.
En entrevista con Ambas Manos, la mujer relató que fue contactada por Rafael N. a través de LinkedIn para integrarse a Petroaadlab, una compañía dedicada al análisis de combustibles. La primera entrevista se realizó en el domicilio cateado en la colonia Anzures, donde ya desde ese momento percibió preguntas inapropiadas, como si tenía novio o si vivía sola. “En ese momento no lo vi extraño porque estaba buscando trabajo, pero después entendí cómo era. Hubo compañeras a las que acosó”, afirmó.
Con el paso de las semanas, la entrevistada describió un ambiente laboral hostil, donde el miedo era palpable entre los empleados. “Cuando llegaba todos entrábamos en estrés. Nos avisábamos entre nosotros porque sabíamos que iba a empezar a gritar por cualquier cosa”, señaló.
Su labor incluía atender asuntos de Recursos Humanos, donde tuvo acceso a numerosos expedientes de demandas laborales, reflejo de la alta rotación de personal que caracterizaba a las empresas de Rafael N. “Eran muchísimas demandas. Parte de mi trabajo era revisar esos expedientes y preparar la información que se necesitaba para conciliación y arbitraje”, explicó.
Uno de los episodios más impactantes que recordó fue cuando el empresario perdió el control porque ella no lo miraba a los ojos mientras le daba indicaciones. “Me decía: ‘¡Véame a los ojos cuando le estoy hablando!’ Aventó los papeles, golpeó el escritorio y salió azotando la puerta mientras seguía insultando”, narró.
También relató un momento humillante cuando fue reprendida frente a los dos hijos mayores de Rafael N., producto de su primer matrimonio. El empresario la acusó de no saber seleccionar al personal y de poner en riesgo el patrimonio familiar. “Me gritó delante de ellos. Fue muy humillante porque yo no tenía la culpa de que la gente renunciara o la despidieran”, dijo.
Durante su estancia en la empresa, la exempleada conoció a los cuatro hijos del empresario: los dos mayores de su matrimonio anterior en España y dos niñas pequeñas de su segunda relación. Asimismo, vio en varias ocasiones a la esposa actual de Rafael N., una mujer considerablemente más joven que él, aspecto que era tema de conversación entre los empleados.
A pesar de su posición económica, la mujer destacó que Rafael N. no se mostraba con escoltas, aunque sí conducía vehículos de lujo como Tesla y Audi.
Finalmente, decidió renunciar debido al ambiente tóxico y la falta de garantías laborales. Al preguntar sobre su finiquito, el equipo legal le informó que se resolvería en un futuro. “Preferí irme. Ya no quería seguir trabajando así. Mi tranquilidad valía más”, concluyó.
La detención de Rafael N., ocurrida la madrugada del pasado 14 de julio en un operativo de la Fiscalía General del Estado (FGE) de Puebla en el fraccionamiento Santa Fe, no sorprendió a la exempleada. “Cuando vi quién era, pensé: Sí lo creo. Yo conocí a una persona muy agresiva, que explotaba con facilidad y que intimidaba a quienes trabajábamos con él”, afirmó.
Este caso pone en evidencia las prácticas laborales abusivas que persisten en ciertos sectores empresariales, donde la precarización y la violencia psicológica son moneda corriente, y subraya la necesidad de fortalecer los mecanismos de protección a los trabajadores frente a patrones que reproducen relaciones de

