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Mundial 2038: México y la posibilidad de ser sede en un contexto geopolítico complejo
julio 7, 2026

Mundial 2038: México y la posibilidad de ser sede en un contexto geopolítico complejo

La emoción que despertó la selección mexicana durante el Mundial 2026, celebrado en parte en territorio nacional, ha reavivado el interés por la posibilidad de que México vuelva a ser sede de una Copa del Mundo. Aunque la organización exclusiva del torneo por parte del país parece poco probable, expertos en relaciones internacionales plantean escenarios en los que México podría albergar nuevamente partidos, esta vez dentro de una candidatura conjunta con Estados Unidos para el Mundial de 2038.

Erasmo Zarazúa, especialista en Relaciones Internacionales y colaborador de Prensa Ibero, ha analizado la viabilidad de esta posibilidad tomando en cuenta la economía geopolítica y los precedentes históricos en la asignación de sedes mundiales. Su proyección se basa en el sistema de rotación de sedes por confederaciones, que impide que un país o alguno de su misma confederación organice la Copa del Mundo si fue anfitrión en alguna de las dos ediciones anteriores.

En este sentido, la Concacaf —confederación a la que pertenece México— queda descartada para los Mundiales de 2030 y 2034, cuyas sedes ya están definidas: España, Portugal y Marruecos en 2030, y Arabia Saudita en 2034. Además, la UEFA, la CAF y la AFC quedan fuera para 2038 debido a sus compromisos previos y a la organización de partidos en la Conmebol para el centenario del torneo en 2030. Así, la Concacaf emerge como la candidata natural para 2038, en un escenario donde la Confederación de Oceanía (OFC) tiene limitaciones estructurales para asumir la organización.

Zarazúa destaca que la ampliación del Mundial a 64 selecciones y 128 partidos, una posibilidad que podría concretarse en el futuro, favorecería a regiones con infraestructura consolidada, como Norteamérica. En este contexto, México podría aportar estadios emblemáticos como el Olímpico Universitario, el Cuauhtémoc, el Jalisco y el Universitario de Nuevo León, o sus posibles sustitutos, para complementar la oferta de Estados Unidos como sede principal.

Otro factor relevante es que la Confederación Asiática de Futbol (AFC) no se reorganice en dos bloques, lo que mantendría a Asia fuera de la competencia para 2038 y evitaría la aparición de nuevos candidatos como China, India o Australia. Además, la definición anticipada de la sede permitiría planificar con tiempo la infraestructura necesaria para un torneo de mayor escala.

Finalmente, Zarazúa sugiere que, aunque Canadá no participe como sede en esta ocasión, otros países de la región como Honduras, Costa Rica o El Salvador podrían ser invitados a albergar partidos, siguiendo un modelo similar al que se implementará en el Mundial de 2030 con Uruguay, Argentina y Paraguay.

Este análisis no solo refleja las complejidades geopolíticas que rodean la organización de eventos deportivos globales, sino también la oportunidad para México de consolidar su infraestructura y presencia en el futbol mundial, en un momento en que la justicia social y la equidad en el acceso a servicios públicos, como el transporte y la cultura, son temas prioritarios para la sociedad. La experiencia del Mundial 2026 y proyectos de movilidad urbana como el cablebús en Puebla evidencian la importancia de invertir en infraestructura que beneficie a amplios sectores de la población, más allá del espectáculo deportivo.

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