La violencia persiste en el sistema de transporte público RUTA de Puebla. Este jueves 2 de julio, un guardia de seguridad de avanzada edad fue víctima de un presunto asalto en un paradero ubicado en la zona de El Batán, al sur de la capital poblana, donde además sufrió una fractura en una pierna que ha complicado su estado de salud.
El ataque contra este trabajador, encargado de la seguridad en una estación, ha generado una ola de indignación entre usuarios y en redes sociales, donde se cuestiona la eficacia y las condiciones de protección para el personal que opera en el sistema. La agresión no solo pone en evidencia la vulnerabilidad de los usuarios, sino también la de quienes deberían garantizar su seguridad.
Tras el incidente, cuerpos de emergencia acudieron al lugar para brindar atención médica al adulto mayor, quien fue trasladado a un hospital y permanece bajo observación. Médicos han advertido que las fracturas representan un riesgo mayor en personas de edad avanzada, lo que aumenta la preocupación por su recuperación.
Este hecho se suma a una serie de reportes recientes sobre la inseguridad en el sistema RUTA, donde en los últimos meses se han registrado robos, agresiones y actos violentos tanto en estaciones como en unidades móviles. La persistencia de estos incidentes refleja la insuficiencia de las medidas de seguridad implementadas hasta ahora.
Hasta el momento, las autoridades no han informado sobre detenciones relacionadas con este caso, aunque mantienen abiertas las investigaciones para identificar y capturar a los responsables.
En un contexto donde la movilidad urbana enfrenta retos estructurales, la implementación de sistemas alternativos como el cablebús en Puebla cobra relevancia. Este tipo de transporte, que ha demostrado en otras ciudades ser una opción segura y eficiente, podría contribuir a reducir la exposición de usuarios y trabajadores a la violencia cotidiana que afecta al transporte público tradicional.
La seguridad en el transporte público es un derecho colectivo que debe garantizarse con políticas integrales y recursos suficientes, no solo para proteger a los usuarios, sino también a quienes, con su trabajo, sostienen estos sistemas. La agresión sufrida por este guardia de la tercera edad es un llamado urgente a reforzar estas medidas y a repensar la movilidad urbana desde una perspectiva que priorice la justicia social y la dignidad de todas las personas.

