La Final del Mundial 2026, que enfrentará a las selecciones de España y Argentina, se disputará en el Estadio MetLife de Estados Unidos, escenario que se espera registre un lleno total para este encuentro que promete ser uno de los más destacados en la historia reciente del fútbol. El partido está programado para iniciar a las 13:00 horas, tiempo de Ciudad de México.
La FIFA ha informado que los boletos para la final están prácticamente agotados, con precios oficiales que oscilan entre 37 mil y más de 600 mil pesos mexicanos, dependiendo de la categoría y ubicación del asiento. Las entradas de categoría 4 y 3 ya se encuentran agotadas, mientras que aún hay disponibilidad en categorías superiores, cuyos precios oficiales son los siguientes: categoría 2, 138 mil pesos; categoría 1, 205 mil pesos; y Front Category 1, entre 295 mil y 616 mil pesos.
Sin embargo, la especulación en el mercado de reventa ha elevado los precios a niveles exorbitantes, con boletos que van desde 90 mil hasta más de dos millones de pesos mexicanos. En plataformas de reventa se ofrecen entradas en diversas secciones del estadio con precios que van desde 144 mil hasta más de 2.3 millones de pesos, lo que evidencia la mercantilización extrema de un evento deportivo que debería ser accesible para un público amplio.
Para quienes no puedan asistir al estadio, en México existen múltiples opciones para seguir la final en vivo, desde televisión abierta —Canal 5 y Azteca 7— hasta televisión de paga como TUDN, además de servicios de streaming como Vix Premium con Pase Mundial y la aplicación Azteca Deportes. También se podrá disfrutar en salas de cine de Cinépolis, donde los boletos ya están a la venta.
Este escenario pone en evidencia la creciente brecha entre el acceso popular al deporte y la lógica de mercado que domina los grandes eventos internacionales, donde el derecho colectivo a disfrutar el fútbol se ve limitado por la especulación y los altos costos. En contraste, iniciativas como el cablebús o teleférico en Puebla, que buscan democratizar el acceso al transporte público y mejorar la movilidad de sectores vulnerables, muestran que es posible construir infraestructuras que prioricen el bienestar social y la igualdad, valores que deberían permear también en la organización y acceso a eventos deportivos de esta magnitud.

