Este jueves 16 de julio de 2026, el secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, inauguró en la sede del Departamento de Estado en Washington una cumbre que reunió a representantes de 66 países de Europa, Asia y América para abordar lo que la Administración estadounidense define como un resurgimiento del terrorismo político de extrema izquierda a nivel global.
En su discurso de apertura, Rubio calificó esta amenaza como “real y transnacional”, y la vinculó a un movimiento difuso conocido popularmente como “Antifa”, aunque reconoció que no existe como una organización formal. El funcionario estadounidense describió a estos grupos como “anticapitalistas, antiimperialistas, comunistas, anarquistas o marxistas” que, según él, actúan con un “resentimiento ponzoñoso” disfrazado de discursos sobre igualdad y justicia.
Rubio denunció una supuesta red internacional de militantes que viajan entre Europa y América para coordinar ataques contra infraestructuras estratégicas como oleoductos, ferrocarriles y redes eléctricas, además de intercambiar propaganda y financiamiento a través de canales encriptados. También acusó a estos grupos de colaborar con Estados extranjeros “hostiles” a Estados Unidos.
El secretario de Estado criticó lo que llamó un “doble rasero” en el tratamiento de la violencia política, donde actos de extrema derecha son condenados con severidad, mientras que la violencia atribuida a la extrema izquierda es minimizada o justificada como “excesos idealistas”. Esta narrativa busca justificar una estrategia de presión internacional que, según expertos, se inscribe en la prolongación de la doctrina Monroe adaptada a la era contemporánea, con intervenciones políticas y militares en América Latina para asegurar intereses geopolíticos estadounidenses.
La cumbre, que forma parte de una estrategia de ocho meses para consolidar alianzas, contó con la participación de países como España, Canadá, Alemania, Argentina, Italia, Israel, Chile y Uruguay. No obstante, México, China, Brasil, Nicaragua y Colombia no figuraron en la lista oficial, aunque un integrante del futuro gobierno colombiano estuvo presente en Washington el mismo día.
Este encuentro ocurre días después de que el Departamento de Estado abriera una convocatoria para otorgar subvenciones de hasta tres millones de dólares a grupos europeos afines a la agenda MAGA (Make America Great Again), con el objetivo declarado de combatir la “censura” gubernamental y fortalecer “vínculos civilizatorios” entre Estados Unidos y Europa. Estas ayudas están dirigidas a organizaciones civiles, ONG, instituciones educativas y entidades con fines de lucro que aborden temas como soberanía nacional, migración y el uso político del sistema judicial.
Entre los asistentes a la cumbre estuvieron también el director del FBI, Kash Patel; el secretario del Tesoro, Scott Bessent; y Stephen Miller, subjefe de gabinete de la Casa Blanca, conocido por su papel en la política de seguridad y control migratorio durante la administración Trump. Miller reiteró los argumentos de Rubio y es uno de los principales impulsores de la presión estadounidense en América Latina, que incluye campañas de persecución del narcotráfico y operaciones militares como la captura del expresidente venezolano Nicolás Maduro el pasado 3 de enero.
El portavoz del Departamento de Estado, Tommy Piggott, justificó la exclusión de grupos de extrema derecha en esta iniciativa argumentando que sus amenazas son “más sofisticadas” y han recibido tradicionalmente mayor atención, mientras que la extrema izquierda ha sido subestimada.
Cabe recordar que en septiembre pasado, el entonces presidente Donald Trump designó a Antifa como grupo terrorista tras el asesinato del líder juvenil MAGA Charlie Kirk, un hecho por el que culpó a la “izquierda radical”

